Plano imagen. Sensibilidad ISO
El film (cámaras analógicas) o el sensor electrónico (cámaras digitales) en el que se forma la imagen a fotografiar es el plano imagen.
En las cámaras analógicas,
el film más común es el de 35mm (realmente sus dimensiones son
36mm x 24mm, y por tanto, con una relación de aspecto 3:2), aunque existen
otros tamaños. La captura de la imagen se realiza por exposición
de la luz de la escena en el film, lo cual trae como consecuencia la alteración
de las propiedades químicas del mismo. Tras un proceso químico
de revelado, la imagen capturada en el film puede ser transferida a papel fotográfico.
Una de las características fundamentales del film es su sensibilidad.
Cuanto más sensible sea un film a la luz, más rápidamente
será capaz de capturar una escena. O dicho de otro modo: si fotografiamos
una determinada escena con dos films de distinta sensibilidad (y manteniendo
todos los ajustes de la cámara intactos), obtendremos una imagen más
brillante con el film de mayor sensibilidad. La sensibilidad suele venir dada
en valores ISO, siendo 100 el valor normal; el valor ISO crece proporcionalmente
con la sensibilidad, de modo que un film con ISO 200 es el doble de sensible
que otro con ISO 100, un film con ISO 400 es cuatro veces más sensible
que otro con ISO 100, etc. La desventaja de usar un film más sensible
es que la imágenes presentan un aspecto más granuloso (y que son
más caros los carretes).
En las cámaras digitales,
el sensor puede ser de tipo CCD o CMOS según el tipo de proceso de fabricación
del mismo. En cualquier caso, el sensor puede verse como una agrupación
de elementos individuales sensibles a la luz, denominados píxeles,
organizados según un patrón matricial, esto es, en filas y columnas.
Cuanto mayor sea el número de filas y columnas, más finos serán
los detalles que se puedan registrar, es decir, tendremos mayor resolución.
Precisamente, éste es uno de los parámetros fundamentales de una
cámara digital: el número total de píxeles (habitualmente
indicado en millones de píxeles, o megapíxeles). Típicamente
la relación entre número de columnas y filas es 4:3, y por lo
tanto, son comunes modos de resolución de 2048x1536 píxeles, 1600x1200
píxeles, etc. Cada píxel de la imagen, que almacena temporalmente
(como carga eléctrica) el nivel de luz que ha incidido sobre su área
correspondiente, es sometido a un proceso de digitalización
(que tiene lugar en la propia cámara) cuyo objetivo es convertir el nivel
de luz registrado en un valor numérico. La imagen, por tanto, queda representada
como una matriz de números, uno por cada píxel, tras el proceso
de digitalización. La cantidad de información asociada a una imagen
con varios millones de píxeles tras el proceso de digitalización
es bastante grande, y para ahorrar espacio en la memoria interna (en la que
se almacenan las imágenes fotografiadas para luego ser transferidas al
ordenador), son sometidas a un proceso de compresión
que trata de reducir el tamaño ocupado eliminando redundancias (y a veces,
detalles de la imagen, dependiendo del nivel de compresión que seleccionemos
en la cámara -- la regla general es que cuanto mayor sea el nivel de
compresión, más detalles se pierden, aunque la imagen resultante
ocupa menos espacio en memoria).
Realmente, en las imágenes en color, un píxel está formado
a su vez por varias zonas independientes, sensibles a diferentes tonos de luz,
por ejemplo, rojo, verde y azul (RGB, Red Green Blue). El proceso de digitalización
asigna valores numéricos a cada uno de los componentes de color de un
píxel, de modo que la luz incidente en un píxel queda representada
como una terna de valores numéricos (rojo, verde, azul) en lugar de como
un único valor.
Una característica importante de las cámaras digitales es que,
dentro de ciertos límites, permiten variar su sensibilidad. Ello es posible
debido a que el nivel de luz registrado en un píxel del sensor se almacena
como carga eléctrica, lo cual permite que, durante la lectura de los
píxeles, la carga pueda ser amplificada electrónicamente en mayor
o menor proporción. De este modo, cuanto mayor sea el nivel de amplificación,
mayor será la sensibilidad apreciada. Ésta es medida, al igual
que en el caso del film, en valores ISO. Desde luego, hay sensores electrónicos
más sensibles que otros, lo que permite alcanzar mayores valores ISO
en las cámaras que disponen de ellos.
Sin embargo, el aumento de sensibilidad no es gratuito. Los sensores, como cualquier
otro componente electrónico semiconductor, está sometido a la
generación de ruido térmico. Por el mero hecho
de tener una temperatura mayor que la del cero absoluto, el sensor está
liberando, continuamente y de forma aleatoria, cargas eléctricas que
se acaban capturando en uno u otro pixel. Estas cargas eléctricas debidas
al efecto térmico se suman a aquellas producidas por la incidencia de
luz procedente de la escena a fotografiar. El proceso de digitalización
no puede distinguir las cargas según su procedencia, sino que se comporta
como si toda carga fuese debida a la imagen. De este modo, la imagen ha quedado
contaminada con un ruido que se aprecia como pequeños puntos de colores
distribuidos aleatoriamente en la imagen. Este efecto se hace más patente
al aumentar la sensibilidad ISO, pues ello implica que cada carga eléctrica
(procedente de la escena o generada por ruido térmico) es amplificada
en mayor proporción: el efecto es que los puntos de colores aleatorios
son más visibles.
Algunas cámaras digitales consiguen disminuir el efecto perjudicial del
ruido térmico mediante una función de reducción
de ruido (NR, Noise Reduction). El procedimiento consiste
en, tras el disparo de la fotografía, realizar un segundo disparo con
el obturador cerrado (es decir, bloqueando el paso de la luz): esta segunda
imagen contendrá sólo ruido térmico. Sustrayendo a la primera
imagen la segunda, conseguimos eliminar parte del ruido contenida en aquélla.
El resultado no es perfecto porque el ruido térmico es aleatorio, de
modo que sus efectos pueden diferir en ambas imágenes.





